EN LA ORDENACIÓN
El crisma ungido a su frente
estampilla rojo el signo
y la piel efervescente
asoma el obrar maligno.
El monseñor no lo nota:
se calma y oscurece el cirio,
y una lágrima le brota
a la mujer blanco-lirio.
Con fortaleza aparente
se resigna al Cuerpo Vivo:
quema al alma la hostia ardiente
en la lengua del motivo…
de las primarias pasiones
ciertas en beso convexo,
esclava del amor y sexo
por un hombre y sus misiones.
El anillo al dedo: Esposa,
Muro de Jerusalén…
y por dentro la engañosa
lamenta su propio Amén.
En el Sagrario una mano,
la otra, la copa retiene
el cáliz bendito y arcano:
…sorbo que a mi ser condene.
En esta, su Ordenación,
la Hermana abrumada y parca
elevó su petición:
¡Dios, llévame ya en tu barca!
M.Ramírez