martes 14 de junio de 2011

EN LA ORDENACIÓN

El crisma ungido a su frente
estampilla rojo el signo
y la piel efervescente
asoma el obrar maligno.

El monseñor no lo nota:
se calma y oscurece el cirio,
y una lágrima le brota
a la mujer blanco-lirio.

Con fortaleza aparente
se resigna al Cuerpo Vivo:
quema al alma la hostia ardiente
en la lengua del motivo…

de las primarias pasiones
ciertas en beso convexo,
esclava del amor y sexo
por un hombre y sus misiones.

El anillo al dedo: Esposa,
Muro de Jerusalén…
y por dentro la engañosa
lamenta su propio Amén.

En el Sagrario una mano,
la otra, la copa retiene
el cáliz bendito y arcano:
…sorbo que a mi ser condene.

En esta, su Ordenación,
la Hermana abrumada y parca
elevó su petición:

¡Dios, llévame ya en tu barca!


M.Ramírez