El padre de mi hijo
dejó de existir
antes de que aquel
se lograra concebir.
El padre de mi hijo
se volvió sonoro
voces de un fantasma
en un calabozo,
se volvió sombra
de la misma luna llena,
se volvió quimera
entre mis sollozos.
El padre de mi hijo
vaga en la plaza,
en el bar, en la cara
de sus propios amigos.
Vaga por el boulevard
de los besos pedidos,
merodea el lugar
de los tiempos idos,
dejó ecos en el recital
de versos prendidos.
El padre de mi hijo
murió por voluntad propia;
del techo la amarra
-una mosca en la boca-
y en el aire su cuerpo
que lo soporta.
El padre de mi hijo
murió en el Ateneo
dentro de una ronda
de bellos versos
siempre, siempre …ajenos.
Al padre de mi hijo
no lo quiero ni en claras
ni en vidas oscuras.
Él para mi ya no existe,
está colgado
a su propia atadura.
enero 2005