martes 14 de junio de 2011

Amigo

Amigo, el respiro y suspiro que él me entrega es el alcanfor de mayo que sobrelleva el agitar de estos días. Él es aromaterapia que sostiene la rutina. Su aliento arroja el apretón endemoniado de mi pecho y libera los nudos que se hacen en mi garganta; así, mi palabra vuelve otra vez a tener sentido y sonido. Él hace que mi voz y mi pluma se entreguen al sortilegio de las esencias y al secreto irrenunciable y persistente de la vida. Esta vez una bocanada de aire ya no sabe a coco añejo. Las nubes vuelven a aromar azures en mi cielo. Mi perfume ahora sí deja estela de mujer. Yo respiro por su respiro, si no está su aliento, yo, simplemente, me niego, no existo, no siento.


Agosto 2007.