sábado 4 de abril de 2009

Después de todo, ¡qué me importa la poesía?

Desempolvando los papeles de las reflexiones del taller de poesía 2007)


Después de todo, ¡qué me importa la poesía?

Probablemente, esto, el gusto por los textos poéticos sucede por cuestión de “estimulación temprana”, en parte, por las experiencias casi innegables que se recibieron de la familia en la primera etapa de la vida, con todas sus mimadas verbales y canciones de cuna, y en parte, porque ya de adulto, se descubre que todos aquellos “párrafos” llenos de sensibilidades con los cuales urgentemente muchos se expresaron, se expresan –o nos expresamos- tienen infiltrados indiscutiblemente “ese algo” que nos atrae, nos coincide llámese esencia, energía…-, etiquetado de buenas a primera como “inspiración poética”; inspiración que, una vez informados de todas las exigencias de este Arte lingüístico, aceptamos responsablemente como Poesía.
Quizás, negando las partes que influyeron en el gusto por la Poesía, y sumado a que yo no tuviera sentimientos, emociones y raciocinio, -no viviera, pues-, después de todo, sinceramente, la Poesía me importaría un bledo. La vería como una pérdida de tiempo, pudiendo invertir ese tiempo en las fórmulas químicas y en otras cosas menos científicas, que pudieran ser estúpidas.

Pero, como ven, tengo sentimientos, emociones y algo de raciocinio, es decir, tengo un verbo tácito que vive y un sustantivo que reclama siempre: sentir poesía, necesidad de poesía. Por esta razón, la Poesía entonces, Me Importa; y en consecuencia, también me importa el Lenguaje.

El poeta Eugenio Montejo en referencia a este perfil afirmó que “la necesidad constituye, pues la principal brújula del poeta; ahora bien, nada nos ayuda tanto como la emoción para esclarecernos lo que de verdad es necesario”[1]. Así, la emoción al igual que el sentimiento, ambos producidos por el cerebro límbico y constituyentes de la subconciencia del ser humano, aunque parezca contradictorio, nos conlleva al encuentro perfecto de la satisfacción de esa necesidad: la de expresarnos, la de comprendernos o la de comprender al otro, más allá del simple goce estético que produce la poesía.

-Esto pareciera dar a entender, en un acto burlesco, que el cerebro límbico sí tiene algo de juicio.-

Me importa la Poesía, (la Poesía que reconozco sin “desgarramientos hegelianos” o “alienación”), porque, en primer lugar, considero que compensa la necesidad de “sanar al alma”, de renovar el subconsciente gracias a los contenidos “risueños y optimistas”, al buen cuido y uso del lenguaje, que por su contacto con éste y su asimilación, ubica al lector en la purificación constante de la concepción de la vida. Probablemente, por su poder evocador, nos otorgaría además de un hálito de saludables emociones, el don de comunicarnos con Dios o con la Inteligencia Suprema, creíbles para cada quien.

Considero que sí existe un lenguaje más puro, ese, que podría comunicarte efectivamente con tu Dios o con la Inteligencia Suprema, ese lenguaje sería La Poesía.

Con la Poesía, aunque no sea de uno, no la produzca uno, muchas veces permite encontrarte con tus distintos “yoes”, con los seres que se aman y con los que no se aman. Con la poesía se está en el mismo “espectro místico” del otro que la produce, la siente y del que la lee, siempre y cuando éste último esté abierto a experimentar las pasiones del poeta.

A pesar y más allá de este lado romántico que invento, instituyo que la poesía importa y me importa porque creo en el poder de la palabra escrita, en este caso por su lírica, que puede construir la evidencia literaria más tangible (escritos) y sincera de nuestra memoria como especie humana. Tenemos la necesidad de saber de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde vamos. Así, si la heredad de la Poesía y al mismo tiempo de ese subconsciente sano, ocurre, entonces, estaríamos apostando por una sociedad más conciente en el uso de su lenguaje, más sensible y justa en su andares literarios y comunes; una sociedad en búsqueda y tenencia de lo hermoso y deseable, en buena fe. Estaríamos hablado de un lenguaje y acervo cultural constructivo, respetable en plena extensión de su palabra: en comunión con uno mismo con valor individual y grupal por su propia –y extraordinaria- existencia.


…Después de todo, me sigues preguntando que ¡ qué me importa la poesía, a mí?
Pues, como ves, estoy de Hippie… La Poesía pone a una filosofa, sensible, de “paz y amor”… me importa por eso, porque me hace sensible, porque formo parte de esa sociedad, que de base es sensible… ¡porque no concibo la vida sin la Poesía!; …al menos, tengo que leerla… siento que sin ella no existo. Y si hago algún intento, dejo muchas veces drenar la sensibilidad tal vez gótica, tal vez “emo”, tal vez la de “rebelde sin causa”, por pura loqueras juveniles y/o ignorancia del momento. Pero eso NO es Poesía. De eso yo estoy clara, no sé los demás.

Creo en la palabra escrita (en la Poesía) como creer en Dios y en el hombre-esencia que anhelo, aunque muchas veces se asome el temor…

…A veces infiero que la Poesía y la Química tienen algo en común: la emoción del descubrimiento, de lo que pueda surgir intentando fórmulas y tratando esencias; es la variedad de colores en el mensaje y la sustancia, tan ellas mismas, tan energéticas que aprehenden a quien las profesa, admira o contempla así sea desde lejos.. ¡ah!, la Poesía….

…La Poesía da para eso y mucho más – según ha dicho…

[1] Para fortalecer la información y formación literaria recomiendo consultar textos de Eugenio Montejo “El Taller Blanco” y “Fragmentario” en el libro Ensayo Literario en Venezuela, tomo II Ediciones La Casa de Bello.

lunes 23 de febrero de 2009

En ese andar de creer y no creer

Yo no sé, pero a veces lo supongo, que he perdido parte de mi alma en ese andar de creer y no creer. Lo digo porque ya la poesía no me conmueve el espíritu. Tal vez lo dejé secar, evaporar, más por creer que por no creer. Y en él, ella inmersa, bellamente muerta, la poesía.
A veces, también él me duele. Es un dolor extraño; es como si hablara y actuara autómata, deshabitado con algún sentido intermitente orgánico, como si el cuerpo junto al pensamiento fueran, no más, que un simple cascaron que cada vez que intenta pronunciar o escribir palabra le rasgara al mejor estilo de las uñas de un gato, alguna vívida carne .
He intentado en ocasiones revivir lo que sentía en mis primeros veinte años. Sin embargo, veo que sólo aporto a la hoja en blanco palabras vacías, y más vacía que la nada.
No sé, a veces creo que todo esto es porque un hombre que se deja llamar “poeta”, en uno de esos raros besos que me otorgó, se absorbió parte de mi alma y con ellas, todas las hermosas palabras que hacían de mi vida, el mejor lugar.

M. Ramírez.

jueves 8 de enero de 2009

RAMIRITO


Me amaba antes de nacer. Antes de nacer, me amaba.

Aguardaba mi angelical presencia entre la degustación de una torta y otra, preparada por su mujer. Me esperaba entre noticias de cultura, farándula y sociales de amarillos periódicos. También me anhelaba entre los números de la contabilidad diaria de su mejor empresa. Otros tantos tiempos me esperaba divirtiéndose en las melodías de algún jazz, viendo los bikinis de las misses en estrenados colores televisivos, jugando a los naipes y al dominó, o, encerrado – ensimismado – en una biblioteca llena de libros nuevos y viejos.

Entregó toda su pasión y su cansancio a quien le daría imborrables recuerdos – llevados en sagrado aplauso en esta memoria adulta que lo evoca a cada rato.-

Dejó en aquella esencia, palabras y gestos inmarcesibles que, hasta el sol de hoy, la hieren terriblemente por su arrebatada presencia; por el silencio de los cuentos y la promesa incumplida, y otros, otros recuerdos que a veces conquistan en la memoria, tratando de hacer las pases para compartir en el mismo tiempo y en el mismo espacio, una sonrisa y una lágrima – cada vez que pronuncio tu nombre: Ramirito –.

Rememoro sus pupilas color triste, aún cuando su alma era – y es, en la reminiscencia – la alegría de todos los colores de los primeros años, la ternura de la infancia, la creencia en la magia de los cuentos y el abrazo, de ese abrazo que todo lo da, que todo lo cobija, que todo lo guarda.

Sus ojos grises me recuerdan a noviembre. Su cumpleaños y su muerte. Noviembre, de bruces plomizos, cementó la esperanza de un nuevo encuentro en un catafalco estéril de caricias, de palabras, de dulces, de jazz, de naipes, de esperanzas.

- Abuelito, ¿tú vuelves, verdad, tú vuelves?
-Sí, mi pollita, yo vuelvo.

¡Noviembre y su ataúd, de bruces plomizos, no lo dejaron volver! ¡Ellos no sabían que yo le esperaba, ellos sólo sabían de cruces, de imágenes de yeso, de frío, de catedrales, de mármol, de maderas, de distancias, de tristezas que aún mellan en el alma!

- Abuelito, ¿tú vuelves, verdad, tú vuelves?

El vidrio no dejó mirar la más mínima mueca que afirmaría su regreso.

Mis manitas quedaron fijas sobre la cubierta cristal de su medio cuerpo y mi rostro angelical, bañado de lágrimas, esperaban contestación.

¡Me quedé allí fija, y manos y rostro y aliento esperan aún tu contestación!

- Abuelito, ¿tú vuelves, verdad, tú vuelves?


Mi abuelo era mi universo. En sus brazos, en su voz, en su mirada yo lo tenía todo. Me sentía amada y le correspondía igual.

Parte de mi vida se fue con él aquel noviembre.

Aún espero nuestro encuentro, su abrazo y su próxima bendición.

–… Si no vienes, algún día yo he de llegar a ti. Espérame, Ramirito.
Espérame, abuelito.



M.Ramírez


24/11/2007

viernes 14 de noviembre de 2008

Elegía por Rafael

En el mes de noviembre, a mi abuelo Rafael Ramírez


Llegó el ruido de las alas de Querubines
con toda su estela nívea de aire y polvo
y arrebató inmensas ternuras infantiles,
despojando dulce ilusión ...todo arrobo.

Un coro celestial de melodías tan puras
quebró los rosarios de la nena. Y la abuela
libró del pecho las dolorosas amarguras...

Amén son los llantos... se apagaron las velas.

Lirios de plata decoraban el ataúd.

De bruces plomizos; el tiempo en agonía
y la nena sorprendida, llora en alud:
…eternamente marchan las lunas en el día.


M. Ramírez

Hoy tengo las espinas más puntiagudas que hayas visto...

14 noviembre
Hoy tengo las espinas más puntiagudas que hayas visto...

(En estos momentos no voy de rosa
tengo las espinas más puntiagudas que hayas visto).


Voy drenando sinceridad y soberbia;
no me pidas que me rinda ante lo que tú llamas Humanidad
no tengo contemplaciones con las acciones de los demás, de todos,
de los que se hacen llamar amigos, pero cavan tu tumba,
de los que se hacen llamar familia, pero te pretenden destruir la propia,
destruir tus sueños, la estabilidad de tus padres, el futuro de tus hermanos...

No tengo miramientos sensibleros con alguien, ni porque lleve su apellido en el papel.
Si no quieres escuchar realidades, entonces, desaparece.

No permitiré que invadan mi espacio,
ni que perturben lo más valioso que tengo:
mis padres y mis hermanos.

Mi mundo es mío y lo protejo,
ellos son parte de mi mundo.

Voy por lo legal y lo real.
No hay moral, no pueden hablarme de moral
porque él ni tú ni ellos lo entienden.

(En estos momentos no voy de rosa
tengo las espinas más puntiagudas que hayas visto).


Dreno desprecio...
me da asco la situación...
no quiero nada, no acepto nada.
Lo legal y punto.

(En estos momentos no voy de rosa
tengo las espinas más puntiagudas que hayas visto...


...Ha dormido mi poesía, no osa vislumbrar...
hoy dreno odio y no lo desperdicio).


Y punto.



M.Ramírez

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"El amor por la fuerza nada vale,
la fuerza sin amor es energía gastada en vano".
Albert Einstein


Se hace llamar “abuelo”

Se hace llamar “abuelo”
Pero nunca en su vida se preocupó por su hija
- mi madre –
¿Ahora pretende que lo respete?
¡Por mí y mis hermanos
que se lo coman la soledad y los gusanos!

No me vengan con lamentos.

Llevo el Ramírez en las venas
y por eso soy intransigente,
ahora
el que tenga que comer mierda,
pues que coma mierda.

Él no existe para nosotros.

¡Él no existe para mí!

sábado 8 de noviembre de 2008

No es por el colorcito

Yo no sé si es fin de mundo, pero desde hace un buen rato las ideas y los hechos revolotean en mi mente. No a modo de preocupación, ya casi no, sino a modo morboso de imaginar la muerte o la vida apasionada que se nos espera para ese entonces… o desde entonces, desde que se escogiera un Papa o un Presidente Norteamericano de color oscuro, de acuerdo al chismorreo implantado en la sociedad o a las predicciones de Nostradamus malogradas que llegan a los oídos.
Hace unas horas escuché y confirmé quién había ganado las elecciones en el país donde el “capitalismo extremo” hace de las suyas. Y yo soñaba con ver a McCain en todos los noticieros, todos los días y desde hace unas horas en adelante para, por un buen rato, contemplarlo. Un colirio para mis ojos. Soñaba que alguna vez me escribiría un correo electrónico diciéndome: "hello loved we will solve to them all the problems of their nation” (algo así como: “hola querida, nosotros le resolveremos a ellos – a los estadounidenses- todos los problemas de su nación”), por pura complacencia de contribuir al bien de la Humanidad.
Embobada en mis nebulosas romanticonas con este galán, pensaba que podría ganarse el gusto de la mayoría más por su carisma que por su propuesta de gobierno. Que ganaría más por su atractivo físico, por sus lindos labios, por su color… que por sus líneas políticas. Pero, como sabemos –como sé cuando uso la razón – el pueblo es inteligente y se merece los gobernantes que escoge –ojo, a veces –. Mi galán McCain resultó ser también humilde y diplomático al reconocer el triunfo, más que de Obama, del pueblo que eligió a éste último. Mi hermoso hombre – idealizado por mis venas “cupideanas”, por supuesto – pronunció palabras por este magnánimo acontecimiento (¡la presidencia de EEUU la ganó un negro!): “el pueblo americano ha hablado y ha hablado con claridad".
Ya con el juicio pleno, infiero que no hay más nada que decir. Adiós a mi ilusión cupideana, adiós Love McCain.
Una vez ya aceptado quien ganó la presidencia de Estados Unidos, acepto también que las propuestas políticas de Obama son interesantes. (Pero como ven no me interesaban a profundidad ni las de él ni las de mi ilusión). Y como saben, lo que importa son las ideas y las buenas intenciones y acciones, más de quién las realice, o al caso puntual, de qué color es la piel de quien las realice.
Le advierto, no soy racista. De hecho, mis mejores amistades son de un color hermoso, precisamente oscuro. Y por la sangre, como cualquier otro orgulloso venezolano, corre sangre negra; sangre de la fuerte, de la trabajadora. Lo único que en este caso hace hervir los nervios es aquello de las predicciones y runrunes que llegan a nosotros: un Papa negro o un presidente estadounidense negro era indicativo del fin del mundo. Recuerdo, hace tiempo ya, cómo una especie de no sé qué temblaba en el interior aquel día justo cuando íbamos a tener nuevo Papa. ¡Oh, mi Dios, qué no sea un negro! – dijo una doñita justo frente al televisor.
Yo no sé que hay de cierto, si en este caso con un presidente negro (o no negro, sino oscuro que no es decir “negro” sino mulato) en Norteamérica, terrenalmente hablando, sea uno de los indicativos del milenio basado en el inicio para la gran masacre contribuyente a la destrucción de mundo (algo así como guerras, escasez, rupturas políticas entre países, entre otros). No lo sé. Lo cierto que es existen características algo extrañas como para sospechar algunos detalles no beneficiosos para realidad próxima, más allá de lo que se puede ver.
Obama es de padre agnóstico, educado en fe cristiana, pero con raíces musulmanes y no dudar de ser protestante ¿una mezcolanza de religiones, no? Claro, él habrá podido definirse en una, pero igual, pone en sensación de inestabilidad la definición y la compenetración que tuvo o tiene con esas religiones y todo lo que implica el entendimiento de ello entre el medio oriente y Estados Unidos, que obviamente, afecta a todos. Cierto, Barack Obama entra en la historia al ser elegido primer presidente negro de EEUU. Y son ellos, los gringos, lo que deciden qué hacer o qué solicitarle a su gobernante, cuidando mientras se ejecute el mandato, la libertad de culto, de acción y pensamiento.
No quisiera pensar que por sus aproximaciones con el medio oriente y por su carisma y “buenas intenciones” sea algo ciertamente parecido al contraángel que viene para iniciar de una vez la tan sobrestimada destrucción del mundo desde el punto de vista religioso.
Y ojo, no es por el colorcito de él, porque lo digo, el color oscuro en las personas es hermoso. Lo digo por lo de las religiones y/o tendencias.

Mariela Ramírez

domingo 19 de octubre de 2008

Respuesta a "ES VIDRIO TU NOMBRE"

Vidrio porque corta tu corazón, o vidrio porque preserva su pureza
del ambiente y de la gente que puede dañar su belleza.
Tu boca no se rasga con el vidrio, se deleita del vino que está dentro él,
esa copa que puede servir para celebrar la felicidad, o para apaciguar la tristeza.
¿Cuál felicidad o cual tristeza? ¿Sangre con felicidad o tristeza?
O se funden para dejar atrás algo
Que tiene valor poseerlo
Pero querías darlo...
Lo diste
con sangre, sudor, y con mucho pudor.
Y ahora ves la sangre de la felicidad y la tristeza
fundida y compartida en un beso
un beso de almas, un beso de cuerpo.
Muchos avatares, muchos pesares
hacen que recuerdes mi nombre.
Una palabra que te hiere y te alegra,
una palabra que te hace recordar,
una palabra que te llorar,
una palabra que te hace sangrar,
una palabra que no puedes pronunciar.
Un cuerpo y una historia
que no puedes olvidar...


Julio Jiménez
EL GRAN COCOSAURUS