Desempolvando los papeles de las reflexiones del taller de poesía 2007)
Después de todo, ¡qué me importa la poesía?
Probablemente, esto, el gusto por los textos poéticos sucede por cuestión de “estimulación temprana”, en parte, por las experiencias casi innegables que se recibieron de la familia en la primera etapa de la vida, con todas sus mimadas verbales y canciones de cuna, y en parte, porque ya de adulto, se descubre que todos aquellos “párrafos” llenos de sensibilidades con los cuales urgentemente muchos se expresaron, se expresan –o nos expresamos- tienen infiltrados indiscutiblemente “ese algo” que nos atrae, nos coincide llámese esencia, energía…-, etiquetado de buenas a primera como “inspiración poética”; inspiración que, una vez informados de todas las exigencias de este Arte lingüístico, aceptamos responsablemente como Poesía.
Quizás, negando las partes que influyeron en el gusto por la Poesía, y sumado a que yo no tuviera sentimientos, emociones y raciocinio, -no viviera, pues-, después de todo, sinceramente, la Poesía me importaría un bledo. La vería como una pérdida de tiempo, pudiendo invertir ese tiempo en las fórmulas químicas y en otras cosas menos científicas, que pudieran ser estúpidas.
Pero, como ven, tengo sentimientos, emociones y algo de raciocinio, es decir, tengo un verbo tácito que vive y un sustantivo que reclama siempre: sentir poesía, necesidad de poesía. Por esta razón, la Poesía entonces, Me Importa; y en consecuencia, también me importa el Lenguaje.
El poeta Eugenio Montejo en referencia a este perfil afirmó que “la necesidad constituye, pues la principal brújula del poeta; ahora bien, nada nos ayuda tanto como la emoción para esclarecernos lo que de verdad es necesario”[1]. Así, la emoción al igual que el sentimiento, ambos producidos por el cerebro límbico y constituyentes de la subconciencia del ser humano, aunque parezca contradictorio, nos conlleva al encuentro perfecto de la satisfacción de esa necesidad: la de expresarnos, la de comprendernos o la de comprender al otro, más allá del simple goce estético que produce la poesía.
-Esto pareciera dar a entender, en un acto burlesco, que el cerebro límbico sí tiene algo de juicio.-
Me importa la Poesía, (la Poesía que reconozco sin “desgarramientos hegelianos” o “alienación”), porque, en primer lugar, considero que compensa la necesidad de “sanar al alma”, de renovar el subconsciente gracias a los contenidos “risueños y optimistas”, al buen cuido y uso del lenguaje, que por su contacto con éste y su asimilación, ubica al lector en la purificación constante de la concepción de la vida. Probablemente, por su poder evocador, nos otorgaría además de un hálito de saludables emociones, el don de comunicarnos con Dios o con la Inteligencia Suprema, creíbles para cada quien.
Considero que sí existe un lenguaje más puro, ese, que podría comunicarte efectivamente con tu Dios o con la Inteligencia Suprema, ese lenguaje sería La Poesía.
Con la Poesía, aunque no sea de uno, no la produzca uno, muchas veces permite encontrarte con tus distintos “yoes”, con los seres que se aman y con los que no se aman. Con la poesía se está en el mismo “espectro místico” del otro que la produce, la siente y del que la lee, siempre y cuando éste último esté abierto a experimentar las pasiones del poeta.
A pesar y más allá de este lado romántico que invento, instituyo que la poesía importa y me importa porque creo en el poder de la palabra escrita, en este caso por su lírica, que puede construir la evidencia literaria más tangible (escritos) y sincera de nuestra memoria como especie humana. Tenemos la necesidad de saber de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde vamos. Así, si la heredad de la Poesía y al mismo tiempo de ese subconsciente sano, ocurre, entonces, estaríamos apostando por una sociedad más conciente en el uso de su lenguaje, más sensible y justa en su andares literarios y comunes; una sociedad en búsqueda y tenencia de lo hermoso y deseable, en buena fe. Estaríamos hablado de un lenguaje y acervo cultural constructivo, respetable en plena extensión de su palabra: en comunión con uno mismo con valor individual y grupal por su propia –y extraordinaria- existencia.
…Después de todo, me sigues preguntando que ¡ qué me importa la poesía, a mí?
Pues, como ves, estoy de Hippie… La Poesía pone a una filosofa, sensible, de “paz y amor”… me importa por eso, porque me hace sensible, porque formo parte de esa sociedad, que de base es sensible… ¡porque no concibo la vida sin la Poesía!; …al menos, tengo que leerla… siento que sin ella no existo. Y si hago algún intento, dejo muchas veces drenar la sensibilidad tal vez gótica, tal vez “emo”, tal vez la de “rebelde sin causa”, por pura loqueras juveniles y/o ignorancia del momento. Pero eso NO es Poesía. De eso yo estoy clara, no sé los demás.
Creo en la palabra escrita (en la Poesía) como creer en Dios y en el hombre-esencia que anhelo, aunque muchas veces se asome el temor…
…A veces infiero que la Poesía y la Química tienen algo en común: la emoción del descubrimiento, de lo que pueda surgir intentando fórmulas y tratando esencias; es la variedad de colores en el mensaje y la sustancia, tan ellas mismas, tan energéticas que aprehenden a quien las profesa, admira o contempla así sea desde lejos.. ¡ah!, la Poesía….
…La Poesía da para eso y mucho más – según ha dicho…
Después de todo, ¡qué me importa la poesía?
Probablemente, esto, el gusto por los textos poéticos sucede por cuestión de “estimulación temprana”, en parte, por las experiencias casi innegables que se recibieron de la familia en la primera etapa de la vida, con todas sus mimadas verbales y canciones de cuna, y en parte, porque ya de adulto, se descubre que todos aquellos “párrafos” llenos de sensibilidades con los cuales urgentemente muchos se expresaron, se expresan –o nos expresamos- tienen infiltrados indiscutiblemente “ese algo” que nos atrae, nos coincide llámese esencia, energía…-, etiquetado de buenas a primera como “inspiración poética”; inspiración que, una vez informados de todas las exigencias de este Arte lingüístico, aceptamos responsablemente como Poesía.
Quizás, negando las partes que influyeron en el gusto por la Poesía, y sumado a que yo no tuviera sentimientos, emociones y raciocinio, -no viviera, pues-, después de todo, sinceramente, la Poesía me importaría un bledo. La vería como una pérdida de tiempo, pudiendo invertir ese tiempo en las fórmulas químicas y en otras cosas menos científicas, que pudieran ser estúpidas.
Pero, como ven, tengo sentimientos, emociones y algo de raciocinio, es decir, tengo un verbo tácito que vive y un sustantivo que reclama siempre: sentir poesía, necesidad de poesía. Por esta razón, la Poesía entonces, Me Importa; y en consecuencia, también me importa el Lenguaje.
El poeta Eugenio Montejo en referencia a este perfil afirmó que “la necesidad constituye, pues la principal brújula del poeta; ahora bien, nada nos ayuda tanto como la emoción para esclarecernos lo que de verdad es necesario”[1]. Así, la emoción al igual que el sentimiento, ambos producidos por el cerebro límbico y constituyentes de la subconciencia del ser humano, aunque parezca contradictorio, nos conlleva al encuentro perfecto de la satisfacción de esa necesidad: la de expresarnos, la de comprendernos o la de comprender al otro, más allá del simple goce estético que produce la poesía.
-Esto pareciera dar a entender, en un acto burlesco, que el cerebro límbico sí tiene algo de juicio.-
Me importa la Poesía, (la Poesía que reconozco sin “desgarramientos hegelianos” o “alienación”), porque, en primer lugar, considero que compensa la necesidad de “sanar al alma”, de renovar el subconsciente gracias a los contenidos “risueños y optimistas”, al buen cuido y uso del lenguaje, que por su contacto con éste y su asimilación, ubica al lector en la purificación constante de la concepción de la vida. Probablemente, por su poder evocador, nos otorgaría además de un hálito de saludables emociones, el don de comunicarnos con Dios o con la Inteligencia Suprema, creíbles para cada quien.
Considero que sí existe un lenguaje más puro, ese, que podría comunicarte efectivamente con tu Dios o con la Inteligencia Suprema, ese lenguaje sería La Poesía.
Con la Poesía, aunque no sea de uno, no la produzca uno, muchas veces permite encontrarte con tus distintos “yoes”, con los seres que se aman y con los que no se aman. Con la poesía se está en el mismo “espectro místico” del otro que la produce, la siente y del que la lee, siempre y cuando éste último esté abierto a experimentar las pasiones del poeta.
A pesar y más allá de este lado romántico que invento, instituyo que la poesía importa y me importa porque creo en el poder de la palabra escrita, en este caso por su lírica, que puede construir la evidencia literaria más tangible (escritos) y sincera de nuestra memoria como especie humana. Tenemos la necesidad de saber de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde vamos. Así, si la heredad de la Poesía y al mismo tiempo de ese subconsciente sano, ocurre, entonces, estaríamos apostando por una sociedad más conciente en el uso de su lenguaje, más sensible y justa en su andares literarios y comunes; una sociedad en búsqueda y tenencia de lo hermoso y deseable, en buena fe. Estaríamos hablado de un lenguaje y acervo cultural constructivo, respetable en plena extensión de su palabra: en comunión con uno mismo con valor individual y grupal por su propia –y extraordinaria- existencia.
…Después de todo, me sigues preguntando que ¡ qué me importa la poesía, a mí?
Pues, como ves, estoy de Hippie… La Poesía pone a una filosofa, sensible, de “paz y amor”… me importa por eso, porque me hace sensible, porque formo parte de esa sociedad, que de base es sensible… ¡porque no concibo la vida sin la Poesía!; …al menos, tengo que leerla… siento que sin ella no existo. Y si hago algún intento, dejo muchas veces drenar la sensibilidad tal vez gótica, tal vez “emo”, tal vez la de “rebelde sin causa”, por pura loqueras juveniles y/o ignorancia del momento. Pero eso NO es Poesía. De eso yo estoy clara, no sé los demás.
Creo en la palabra escrita (en la Poesía) como creer en Dios y en el hombre-esencia que anhelo, aunque muchas veces se asome el temor…
…A veces infiero que la Poesía y la Química tienen algo en común: la emoción del descubrimiento, de lo que pueda surgir intentando fórmulas y tratando esencias; es la variedad de colores en el mensaje y la sustancia, tan ellas mismas, tan energéticas que aprehenden a quien las profesa, admira o contempla así sea desde lejos.. ¡ah!, la Poesía….
…La Poesía da para eso y mucho más – según ha dicho…
[1] Para fortalecer la información y formación literaria recomiendo consultar textos de Eugenio Montejo “El Taller Blanco” y “Fragmentario” en el libro Ensayo Literario en Venezuela, tomo II Ediciones La Casa de Bello.
